domingo, 23 de abril de 2017

Las lágrimas de Esperanza Aguirre


He visto a Esperanza Aguirre con la voz quebrada por el llanto al ser preguntada por los últimos casos de corrupción en el PP y me he sentido indignado.
¿Por qué llora esa señora que, a pesar de tener procesados o imputados a una buena parte de sus principales colaboradores, todavía no ha tenido la decencia de asumir, al menos, su responsabilidad política e irse a su casa?
¿Por qué llora? Cualquier directivo de una empresa que hubiera elegido tan rematadamente mal a sus colaboradores hace tiempo que habría sido cesado de manera fulminante. Aunque sólo fuera por eso, hace tiempo que debería estar fuera de la política.
Pero no es eso lo que me produce indignación. Realmente el presente y futuro de esa señora me preocupa menos que nada. Lo que me produce una tremenda indignación es ver cómo esos personajes, cuyas tropelías salen a la luz, se han llevado nuestro dinero y han arruinado a las empresas que deberían haber administrado con prudencia y dedicación. Empresas a las que luego critican por su ineficacia porque, a lo que se ve, lo público sólo sirve para que ellos se lucren sin ningún rubor ni respeto por la ley.
Me indigno ante las lágrimas estériles de Esperanza Aguirre porque me he pasado la vida enseñando a mis hijos el valor del esfuerzo, de la importancia de luchar honradamente por un futuro personal y profesional en el que nadie tenga nada que reprocharles.
Me indigno porque resulta muy triste escuchar a mi padre justificar su voto al PP elección tras elección con un “son todos iguales”. No se terminó la dictadura para eso. No se estableció un régimen de democracia parlamentaria para que una buena parte de la población termine pensando que los que deberían ser servidores públicos ejemplares son en realidad unos chorizos de los que no te puedes fiar y que da igual unos que otros porque ninguno es de fiar.
Es demoledor ese pensamiento porque lleva inoculado el virus que puede terminar con la democracia. Y ya sabemos que viene después de la democracia. Todavía viven en España y en Europa personas que sufrieron en sus vidas vivir en países sin democracia. Hay millones de ciudadanos en el mundo que sufren todos los días la desgracia de vivir bajo regímenes no democráticos.
Me indignan las lágrimas vacuas de Esperanza Aguierre porque yo, mi esposa y millones de ciudadanos en este país trabajamos cada día de la mejor manera que podemos, sabemos y nos dejan, para sacar a nuestras familias adelante, para estudiar a nuestros hijos, tener un presente digno y un futuro no demasiado incierto. No nos preocupan muchas cosas más, pero tampoco nada menos, porque lo que nos mueve y alienta es construir un futuro para nosotros y nuestros hijos. Y sin embargo, vemos cómo unos sinvergüenzas que no tienen escrúpulos ni medida se llevan nuestro dinero, esquilman la riqueza de este país, al tiempo que nos dicen que debemos sacrificarnos porque, al parecer, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.
Me indignan las lágrimas de Esperanza Aguirre porque con esas lágrimas parece querer robarnos hasta la posibilidad de que nosotros podamos llorar dignamente por el mal que nos están haciendo, por el futuro que nos están robando. Porque la indignidad de sus lágrimas hurtan de algún modo la dignidad de las nuestras.
Me indignan las lágrimas de Esperanza Aguirre porque no puedo creer que no haya en el PP media doce de personas justas que puedan liderar a otros como ellos que pongan fin a tanta infamia y entren en las sedes de su partido poseídos por la santa indignación y expulsen a latigazos, no a los mercaderes, sino a los ladrones, y limpien al partido y nos libren a todos de tanto delincuente y de tanta ignominia.
No nos merecemos esto los españoles. Ninguno. Votemos al partido que votemos, no merecemos este estomagante espectáculo.
Si queda alguien digno en el PP, le ruego que actúe ya, porque hasta el tiempo de “la mayoría somos honrados” se está acabando. No se puede convivir indefinidamente con los delincuentes y pretender no ser, al menos, encubridor.


domingo, 22 de mayo de 2016

Las mentiras del 15M

El 15M canalizó el descontento de un buen número de españoles que veían cómo la crisis amenazaba con destruir el mundo en el que vivían y en el que creían sentirse seguros.
La crisis comenzó a dejar en la cuneta a personas que perdían su empleo, primero, terminaban su subsidio por desempleo después y, en ocasiones, se quedaban sin su casa al ser desahuciados por no poder pagar la hipoteca.
Nada de eso era nuevo. En nuestra sociedad había pobres, siempre los hubo, y había desahucios, había personas que, por diferentes razones, se iban quedando al margen de la sociedad. Lo que era nuevo era el número de personas a las que eso afectaba.
Muchas personas, jóvenes en su mayor parte, salieron a protestar contra una clase política ensimismada que no sabía atajar los problemas que acuciaban a buena parte de los españoles y ni tan siquiera parecía empatizar con ellos.
El movimiento se fue disolviendo porque carecía de organización y porque corrió el peligro de ser controlado por grupos violentos, lo que hizo que muchos se apartaran del mismo.
Pero hubo unos pocos más organizados, con más experiencia política, que ya habían participado en partidos minoritarios, o no tanto, que decidieron capitalizar el movimiento del 15M y se erigieron en sus representantes.
Estos personajes no se limitaron a buscar el apoyo de los electores mostrando mayor sensibilidad con sus problemas y planteando soluciones a los mismos. No. En correspondencia con su ideología (ahora convenientemente oculta bajo un movimiento transversal de ciudadanos descontentos) comenzaron su campaña de descrédito de nuestro sistema: la transición había sido una estafa porque seguían mandando los mismos que lo habían hecho durante la dictadura, la constitución ya no sirve porque la mayoría de los españoles adultos actuales no habían tenido ocasión de votarla, ni siquiera el hecho de que se hubiera aprobado en referendum en su momento tenía valor, porque, siempre según sus teoría, la mayoría había votado coaccionada porque votar en contra habría significado continuar con el régimen franquista.
Partiendo de ese supuesto, los años que siguieron a la transición fueron años en los que no se consiguió otra cosa que enriquecer a unas élites oligárquicas mientras el pueblo llano (los desfavorecidos, en neolenguaje) se veía relegado a la pobreza.
No hay ninguna duda de que los que eso propalan no son otros que los que siempre quisieron terminar con un estado democrático de corte moderno y que prefieren instaurar en su lugar otros regímenes que donde tuvieron la ocasión de ponerse en práctica se convirtieron en dictaduras sanguinarias que terminaron por sumir a sus gentes en la miseria más absoluta.
A pesar de ello, tienen derecho a defender su idea (aunque sería deseable que lo hicieran abiertamente), pero a lo que no tienen derecho es a mentir y a vender a sus seguidores mercancía averiada aprovechando su vulnerabilidad, por la falta de expectativas derivadas de la crisis, o su ignorancia.
La transición que tanto denostan nos trajo un régimen democrático homologable con el de los países más desarrollados del mundo. Un régimen que, con todas sus carencias, les ha permitido a los más críticos manifestarse en las plazas durante el 15M, organizarse como partido político y acomodarse en las instituciones gracias a los votos de los ciudadanos. Democráticamente no parece que sea un régimen con muchas carencias.
En lo que respecta al desarrollo social y económico lo conseguido desde la muerte del dictador hasta ahora es indiscutible: se instaura el sistema sanitario universal y gratuito, la educación obligatoria y gratuita hasta los 16 años, el sistema público de pensiones y un sistema de ayudas sociales amplio y diverso: pensiones no contributivas, salarios sociales, etc.
Pretender ahora que la transición fue un fraude y que en estos años lo único que hizo el bipartidismo fue gobernar para los poderosos es, hay que decirlo claramente, una gran mentira.
La propia referencia al bipartidismo es una falacia más. En España no había sólo dos partidos, también estaba IU, diversos partidos de ámbito regional y otros varios que no lograban los votos necesarios para tener representación en las instituciones. Es decir, la hegemonía de PP y PSOE alternativamente era el resultado de las preferencias de los electores y no algo que viniera impuesto por otras circunstancias y lo que está ocurriendo desde hace un par de años, con la llegada a las instituciones de los llamados partidos emergentes es la prueba de que, cuando consiguen el apoyo de los electores, nada les obstaculiza el camino.

domingo, 14 de junio de 2015

Es el poder, idiota

El pasado 24 de mayo hubo unas elecciones municipales y para el gobierno de casi todas las comunidades autónomas. Fueron unas elecciones muy importantes porque fue la primera reválida de unos partidos que reivindicaban otra manera de hacer política, que pretendían alejarse de los modos de los partidos tradicionales, fundamentalmente, PP y PSOE, y algunos nacionalistas como CiU que, con sus particularidades, tenían las mismas formas de entender la política: corrupción, clientelismo, gobernar de espaldas al pueblo...
Los resultados fueron muy dispares, pero en muchos ayuntamientos dieron un papel importante a estos nuevos partidos porque podían inclinar la balanza a uno u otro lado.
Ciñéndonos al caso de Asturias y más concretamente al de Gijón, los resultados dieron 8 concejales a Foro, partido de la actual alcaldesa, 7 al PSOE, 6 a Xixón Sí Puede (agrupación de electores apoyada muy principalmente por Podemos), 3 al PP, 2 a IU y 1 a Ciudadanos.
Los socialistas en Gijón, como en el resto de España, a pesar de haber perdido una cantidad nada despreciable de votos, se las prometían felices porque pensaban que Podemos (y las agrupaciones electorales de su órbita) les apoyarían para formar un gobierno de izquierdas que desalojara a la derecha del ayuntamiento. La historia, pensaban, estaba de su lado: los partidos minoritarios de izquierdas estaban llamados a procurar el gobierno de su hermano mayor, el PSOE, como partido hegemónico de la izquierda.
Daba igual que Podemos hubieran basado su campaña en diferenciarse de los partidos de la “casta”, en el PSOE nunca se lo tomaron demasiado en serio: lo importante era conseguir más representantes de izquierdas que de derechas, a continuación las alianzas para gobernar serían la consecuencia lógica siempre que la aritmética permitiera formar gobiernos de izquierdas.
Pero enseguida en Gijón los representante de Xixón Sí Puede empezaron a dejar claro que no estaban dispuestos a ser meros comparsas del PSOE como siempre lo había sido (y seguía dispuesto a serlo) IU. No les gustaba Foro porque ideológicamente no estaba en su órbita, pero no dejaban de reconocer que con ese partido algo había cambiado en el ayuntamiento y una vuelta del PSOE al gobierno municipal más parecía una vuelta al pasado del que renegaban que el comienzo de la regeneración que habían prometido.
Pronto encontraron una solución al dilema: presentar a su cabeza de lista como candidato a alcalde y pasar el balón al PSOE. Si querían desalojar a la derecha sólo tenían que apoyar la candidatura de XSP.
A partir de ahí, el cabeza de lista del PSOE comenzó a perder los papeles (la prueba más evidente el titular de la entrevista que le hizo La Nueva España el pasado viernes: “Podemos debe elegir entre el hijo de una limpiadora y un obrero o una señora de Somió) y la FSA en vez de imponer cordura sacó a relucir los viejos usos de siempre. Si en Oviedo ellos estaban dispuesto a apoyar a la candidata de Somos Oviedo, por ser la lista (de izquierdas) más votada, para desalojar al PP, cómo era que en Gijón XSP no iba a corresponder.
La solución parecía clara: si no nos apoyan en Gijón nosotros no apoyaremos en Oviedo. La FSA en una clara muestra de no haber entendido nada del terremoto político que se había producido en España en el último año tiró de los viejos mecanismos de siempre, o sea, el cambio de cromos. Su ceguera le impidió ver que esa era la peor opción, porque no dejaba otra posibilidad a XSP que mantener su postura, ya que si cedía al chantaje estaría reconociendo que era igual que los partidos de la “casta”, porque llegado el momento ponían los puestos por encima de todo.
El PSOE, entre tanto, se hundía en su propia retórica porque si era tan importante y necesario desalojar a la derecha de la alcaldía de Gijón, por qué no apoyaban al candidato de XSP, tenían menos votos cierto, pero sólo hay un concejal de diferencia. En Oviedo el argumento resultaba mucho más llamativo, por qué pudiendo por fin desalojar al PP, y habiendo llegado a un acuerdo para hacerlo, no iban a dar su apoyo a la candidata de Somos Oviedo sólo porque en Gijón no se llegase a un acuerdo. ¿Qué es lo importante, entonces, el bien de la ciudad o los puestos de los políticos?
Finalmente la FSA tenía que decidir y decidió lo peor para sus intereses: como no hay acuerdo en Gijón, el PSOE no apoyará en Oviedo.
Javier Fernández, secretario general de la FSA y presidente en funciones del Principado, sin dar ninguna muestra de entender por qué el PSOE había obtenido los peores resultados de su historia tanto en las elecciones al Principado como en la ciudad de Gijón, lo resumió con esta frase: “En Gijón se ha decidido el destino de dos ayuntamientos”. Esta frase debería cubrirlo de oprobio y ser causa suficiente para que los afiliados de su partido lo jubilaran sin demora, en vista de que su liderazgo ha quedado anclado en un tiempo ampliamente superado por los resultados de las pasadas elecciones.
Para colmo, Somos Oviedo dejó en evidencia a la FSA y a su secretario general posibilitando con su voto favorable que el candidato del PSOE consiguiera la alcaldía de Oviedo.

sábado, 11 de abril de 2015

Yo prefiero a Rosa Díez

En estos momentos en los que se está viendo la desbandada de los cargos orgánicos de UPyD que, en contra, de lo que debe ser ejemplar en cualquier organización, son los primeros en salir corriendo, mostrando de ese modo el camino a los militantes. En estos tiempos, digo, voy a romper una lanza en favor de Rosa Díez y de los que, con ella, siguen al frente de su partido contra viento y marea.
También quiero destacar el valor de la decisión adoptada por Irene Lozano: ha decidido disputar la secretaría general de la formación y ahí sigue, en el Parlamento y en el partido, tratando de cambiar desde dentro la dirección del mismo, toda vez que no está de acuerdo con ella.
El caso de Toni Cantó, aunque no termina de gustarme y no acabo de entender qué necesidad tenía de abandonar su escaño en el Congreso, porque yo creo que se debe a sus votantes, es, de todas formas, meritorio: permanece en el partido como un militante de base (él no tenía ningún puesto orgánico en el partido), renuncia a presentarse como candidato de UPyD a la Generalitat valenciana (otra cosa que no entiendo, puede que pretenda tener la suficiente independencia para tomar sus decisiones o puede, simplemente, no querer quemarse en unas elecciones con pocas probabilidades de éxito) y dice que esperará a ver qué ocurre en el próximo congreso extraordinario.
Todos ellos, Rosa Díez, Gorriarán, Irene Lozano, Toni Cantó, etc. siguen en el partido, supongo que porque creen en su proyecto y están dispuestos a defenderlo.
Pero hay otros casos lamentables, nada edificantes y que nos recuerdan demasiado a lo que hemos venido viendo durante tantos años en los partidos, llamémosles, convencionales. Casos en lo que se ve, por encima de todo, el deseo de seguir en el puesto alcanzado y que ahora, quizás, ya no podrán mantener en UPyD. Casos en los que, al ver esfumarse las posibilidades de conseguir una concejalía o un puesto de parlamentario regional (ahora que ya nos tocaba, deben de pensar muchos) se apresuran a buscar un partido en el que sí tengan posibilidades de alcanzarlo. ¡Cuántas veces hemos visto comportamientos similares! ¡Cuántos tránsfugas han poblado la vida política española durante los casi cuarenta años de democracia!
Dicen que no comparten la decisión de Rosa Díez de no pactar con Ciudadanos. ¿Sólo por eso abandonan su partido, el partido en el que decían creer? ¿Sólo por eso se van a otro partido? ¿De verdad creen que UPyD y Ciudadanos tienen programas totalmente intercambiables y es igual estar en uno que en otro? ¿Tan inconsistente es su fe en su propio proyecto?
Llevamos varias semanas oyendo cómo cargos de ejecutivas locales de UPyD repiten como autómatas que están decepcionados por la decisión de la dirección nacional de su partido de no pactar con Ciudadanos, de modo que, en la misma afirmación también culpan de la falta de acuerdo exclusivamente a los suyos y exculpan por completo al partido de Albert Rivera, lo cual dice bien poco de su confianza en sus propios líderes.
Pero la situación llega a ser esperpéntica en Asturias. Aquí, el candidato por UPyD a la Junta General del Principado y hasta ahora diputado regional por ese partido, expone su proyecto de pacto con Ciudadanos, explica las negociaciones que ya viene celebrando con los cargos de dicho partido y hace público que una de sus asesoras en el grupo parlamentario en la Junta General del Principado es la representante legal de Ciudadanos porque así se lo pidió él mismo a Albert Rivera para tener a una persona de su plena confianza en Ciudadanos. ¿Alguien ha oído algo más esperpéntico? ¿Se puede tener mayor desfachatez?
Estos hechos no enfangan solo al parlamentario de UPyD, Ignacio Prendes, sino que ponen también en solfa las proclamas de Albert Rivera sobre su proyecto de hacer política de otra manera, de marcar distancias frente a los partidos tradicionales, porque esta forma de hacer política se parece como dos gotas de agua a la peor forma de hacer política de aquellos partidos a los que no se cansa de criticar. Las aventuras de los tránsfugas que ha habido en la historia  de nuestra democracia, que no han sido pocas, siempre han tenido, al menos, a dos tristes protagonistas: al político que se cambiaba de bando y al que le seducía o aceptaba sus propuestas para acogerle en el suyo. Como dice el refrán, tan culpable es el que mata como el que tira de la pata.
No voy a dedicar ni una palabra más a un Ignacio Prendes que pronto ha olvidado sus discursos sobre la regeneración democrática para dedicar todos sus esfuerzos a buscar un nuevo partido con el que tener opciones de conservar su escaño en el parlamento asturiano, pero no puedo terminar sin hablar de lo pronto que Ciudadanos ha comenzado a decepcionar a muchos de los que observábamos con atención, y hasta ilusión, el crecimiento de sus expectativas electorales. Pronto ha quedado de manifiesto que tras las palabras de regeneración democrática y de nuevas formas de hacer política había, a lo que se ve, más cálculo político, más táctica, que estrategia.
Un proyecto político puede hacerse atractivo envolviéndo con bonitas palabras los anhelos de las personas, pero, como dijo Kennedy: se puede engañar a todo el mundo durante algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.
A la vista de todo lo que está sucediendo, yo preferiría mil veces a UPyD y a Rosa Díez con todos sus defectos y errores, que a Ciudadanos y a Albert Rivera que están demostrando tener más ambición que principios.

viernes, 3 de abril de 2015

Asturias hacia el siglo XIX de la mano de Podemos

Podemos de Asturias parece que cuestiona el AVE. Parece no hacer ascos a la oficialidad del asturiano, que, como todos sabemos, es poco menos que una lengua franca que nos permite a los asturianos movernos por todo el mundo sin problemas de comunicación, pero duda con una “obra faraónica y de alto coste”, como el AVE.
La verdad, no me extraña, porque, como se cansan de decirnos otros detractores del AVE, son infraestructuras que nunca se rentabilizarán.
Ya sabemos que la rentabilidad es la condición indiscutible para que cualquier inversión o gasto público se lleve a cabo, sea cual sea la administración que lo realice.
Todos sabemos que en Asturias se ha cerrado la televisión autonómica por no ser autosuficiente. ¡Ah!, no, se me olvidaba que es un servicio público y por eso debe mantenerse.
Bueno, bien. Hunosa. La empresa minera es deficitaria, los coste de extracción son muy elevados, el carbón es de baja calidad y todos pagamos en el recibo de la luz las cantidades que deben desembolsar las eléctricas por consumir carbón nacional.
¡Vaya!, tampoco. La lucha de los mineros por defender sus puestos de trabajo es un modelo a seguir por toda la clase trabajadora y... ¡Vale, vale! Hunosa sigue funcionando.
Los autobuses urbanos, las líneas de Renfe, las televisiones autonómicas, RTVE... Todo eso sigue funcionando bajo el paraguas del servicio público. Y en muchos casos es lógico. ¿Debe un municipio mantener sólo las líneas de autobuses que son rentables y condenar a los usuarios de las líneas que no lo son a no disponer de transporte público?
También podríamos preguntarnos si son rentables las autopistas. En términos estrictos, no. Pues no se paga por su uso.
¿Cuántos aeropuertos de España deberíamos cerrar por no ser rentables? Es posible que sólo Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca se salvarían de la quema.
Volviendo al tren, me temo que la linea Madrid-Gijón sea deficitaria en estos momentos. ¿La quitarán también, además de no terminar el AVE?
¿Debe conformarse Asturias con un trazado ferroviario del siglo XIX? Este invierno ha estado incomunicada con la meseta por tren durante tres o cuatro días debido a las fuertes nevadas. ¿Puede Asturias permitirse eso?
La ruta aérea con Madrid sigue monopolizada por Iberia y un viaje de trabajo en el mismo día (ahora sólo posible por avión, en coche es inhumano) supone un desembolso de casi 500 Euros.
Los empresarios y ejecutivos asturianos se quejan de la falta de comunicaciones, pero es que los que vienen de afuera se horrorizan de las dificultades para llegar hasta aquí, lo que, finalmente, pesará en su decisión a la hora de invertir en una región que está tan mal comunicada.
Llevamos más de treinta años con gobiernos socialistas (excepto los cuatro años de Marqués y el año de Álvarez-Cascos) que nos han ido hundiendo en nuestras propias carencias, agrandándolas, y sin ser capaces de diseñar un futuro para esta región ensimismada en un pasado industrial del que queda poco más que el recuerdo. Pero, como todo lo que es susceptible de empeorar empeora, es muy posible que en las próximas elecciones autonómicas gane una izquierda liderada por Podemos que nos devolverá definitivamente al siglo XIX.

domingo, 15 de marzo de 2015

El plumero que se me ve

Respondo al comentario de un anónimo a mi post Todo por la patria. Quizás el comentario no merezca tanto, pero estoy tan harto de que antes de comenzar un artículo crítico sobre el PP haya que dejar sentado que no por ello defiendo al PSOE o de que antes de criticar alguna actuación del PSOE haya que anticipar que ello no significa que disculpe las tropelías del PP, que el comentario a mi post me ha encendido de nuevo la sangre. Ya sé que debería ignorar esas estupideces, pero, lo siento, es algo más fuerte que yo.
Decía el comentarista anónimo: “Los millones que se ha llevado la BAnca, la patronal y el PP... nada, minucias. Pelillos a la mar. Se te ve el plumero.”
Pues sí, es posible que se me vea el plumero, ¿a quién no?, pero mi plumero no distingue a los sinvergüenzas por las siglas con las que se amparen o por la cobertura ideológica que les ha permitido alcanzar la posición desde la que se han dedicado al expolio. A mi plumero le resulta deplorable el enriquecido con la Gürtel, los EREs, la operación Púnica o cualquier otro sinvergüenza que, abusando de la confianza de las personas que lo han aupado hasta donde está, se ha dedicado a llevárselo crudo.
Es cierto que me produce mucho más repelús el caso de los EREs de Andalucía o los casos de corrupción entre los representantes sindicales, pero es que a mi plumero le resulta mucho más odioso que le robe quien prometía defenderle (sindicatos) que alguien que nunca ha ocultado que defendía otros intereses (patronal).
Mi plumero nunca esperó nada de las patronales porque nunca le habían dicho (ni él lo habría creído de haberlo hecho) que defendían su bienestar, que querían emplear los fondos de formación para mejorar su situación o sus posibilidades de encontrar un trabajo o mejorar en el que tuviese. No, las patronales siempre han defendido sus intereses, como los sindicatos, se supone, defendían los nuestros, los de los trabajadores. Por eso me produce mayores arcadas que un sindicalista robe los fondos de formación o se aproveche para sus intereses personales o de sindicato del dinero que debería destinarse a amparar a los afectados por un ERE o a formar a los parados para mejorar sus posibilidades de encontrar un trabajo.
Es decir, que el que vea mi plumero lo verá, seguramente, del color de sus lentillas y seguirá pensando que los corruptos malos son los del partido de enfrente, que los de su partido siempre tendrán una excusa o una buena razón para hacer lo mismo que critican en los adversarios. Y seguirán acudiendo a votar como el que va a un partido de fútbol, esperando que gane su equipo, de la manera que sea, fingiendo un penalti o un comprando al árbitro, todo vale con tal de ganar al rival.

domingo, 15 de febrero de 2015

Todo por la patria

Cada cierto tiempo necesito recargar un poco las pilas del patriotismo y por eso este fin de semana decidí buscar reservas en esos casos siempre edificantes que nos demuestran que España es un país de quijotes, que cuando nos ponemos en plan solidario somos la repera y, en fin, que somos pobres pero honrados.
Sin embargo, la prensa ha venido a chafarme mis intenciones y se ha empeñado en mostrarme que los quijotes hace tiempo que están en retirada vencidos por los molinos y que la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo.
Uno de los temas estrella de esta semana ha sido el de los españoles integrantes de la lista Falciani. Este buen hombre decidió copiar la lista de los clientes del banco HSBC que tenían cuentas en Suiza y entregársela a las autoridades de los países respectivos.
No sé que han hecho en otros países, pero, en España y con un gobierno socialista, decidieron decirles que fueran buenos y regularizaran su situación. Ni una multa, ni un reproche, ni una mala cara. Ya sabemos que esto es normal, que Hacienda nos trata a todos con cariño y ternura, que no pone multas, recargos ni sanciones. Es así, pero no deja de extrañarnos que lo sea también con los golfos que tienen sus dineros irregularmente en la montañosa Suiza.
Por el otro lado, por decirlo de alguna manera, porque yo creo que los golfos no tienen lados, solo tienen mucha cara y muy dura, esta mañana me he desayunado con los sobresueldos en CCOO. Por si tuviéramos poco con los EREs de Andalucía donde utilizaron el dinero de las prejubilaciones como si fuera un cortijo, ahora resulta que el otro sindicato, llamado, de clase (¿de qué clase serán?, que cada cual responda según su entender, pero en voz baja, que las palabras malsonantes están mal vistas) también tiene lo suyo. Además de los sobresueldos (3,7 millones de euros entre 2008 y 2012), resulta que el patrimonio de COMFIA (sección de banca y seguros de CCOO), en el mismo periodo, pasó de 7,6 a 12,1 milloncejos de nada. ¿Cómo han conseguido estos dineros? ¿Ahorrando? Podría ser, pero no, no ha sido así. Ha sido que las patronales, cajas, bancos y aseguradoras han aportado 8,3 millones de euros.
Sinceramente, no me extraña. Conociendo la generosidad y dadivosidad de las empresas me parece poco dinero.
Bueno, voy a dejar lo del patriotismo para otro momento, porque está visto que los que habitualmente se nos muestran como faro y guía a nosotros, pobres mortales; que saben lo que nos conviene, lo que conviene a nuestro país y, además, nos lo dicen (queramos o no oírlo) resulta que se han tomado un siglo sabático para todo lo que se refiere a honradez y ejemplaridad.

Pues nada, cuando vuelvan que avisen.