Algunas empresas muestran un desprecio hacia sus clientes tan increible como absurdo. El último ejemplo lo ha protagonizado Telefónica con laa facturas que acaba de remitir a sus clientes. Telefónica factura los periodos comprendidos entre los días 17 de cada mes y emite la factura con fecha del día 1 del mes siguiente. Nada que objetar, salvo que este mes el día coincidía con la subida del IVA, en este caso, del 18% al 21%. Un comportamiento leal y respetuoso con sus clientes debería haber llevado a la Compañía a hacer una excepción en sus costumbres y emitir la factura con fecha 31 de agosto, algo, por lo demás totalmente legal y, además, más ajustado a la realidad, ya que los servicios se prestaron mientras el IVA era del 18%. Telefónica, mostrando un desprecio no inédito,pero si incomprensible hacia sus clientes, se ha limitado a seguir su rutina,emitir la factura con fecha del día 1 y poner una nota en la factura indicando que está obligada legalmente a aplicar el IVA vigente en la fecha de la factura, pero sin decir que no tiene ninguna obligación legal de emitir esa factura con fecha del día 1 y que podía haberla emitido con fecha del 31 de agosto aplicando el IVA del 18%. No se puede tener una actuación más lamentable ni un mayor desprecio por los clientes.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Telefónica, la subida del IVA y el desprecio al cliente
miércoles, 25 de julio de 2012
Los políticos han causado la ruina de España y son el obstáculo para su salvación
La situación económica en España no puede ser más crítica. Las afirmaciones del PP en la oposición de que no se podía seguir con una prima de riesgo al nivel que estaba entonces sigue siendo válida, con el agravante de que ahora está mucho más alta.
Los que juegan al juego absurdo de que con el PP la prima de riesgo ha pasado de los 600 puntos tratando de engañarnos haciéndonos creer que con el PSOE estaría por debajo siguen con el tacticismo estéril que empleó en su momento el PP haciéndonos creer (engañándonos) que sabían lo que había que hacer y que en cuanto ellos llegaran al poder todo se resolvería como por ensalmo.
El PSOE negó la crisis apostando por que ésta fuese de corta duración y creyó que inyectando unos miles de millones de Euros en un absurdo Plan E aliviaría sus síntomas hasta que volvieran los buenos tiempos.
Como ya suponíamos muchos, fue como tratar de curar el cáncer con aspirinas. No se aliviaron los síntomas y, sin adoptar ninguna medida para corregir los verdaderos problemas, la enfermedad se agravó irremediablemente.
Como el PSOE o Zapatero o todos ellos no tenían otro interés que perder por la mínima y dejar la situación al PP del peor modo posible, adelantaron las elecciones 6 meses comunicándolo absurdamente con más de tres meses de antelación, con lo que se alargó varios meses la parálisis propia de los periodos electorales.
Por supuesto, tenían claro que ya no serían ellos los encargados de formar gobierno, por lo que no tomaron una sola medida más y tampoco presentaron la Ley de Presupuestos. Había que dejar el campo lo más embarrado posible.
Y el PP ganó por mayoría absoluta, más por incomparecencia del rival que por la calidad de su juego. Pero ganó. Y en vez de ponerse a gobernar desde el mismo momento de formar gobierno decidieron que era mucho más importante esperar a las elecciones andaluzas. Como siempre pensando en sus propios intereses personales, primero, y de partido después. Si queda tiempo ya se ocuparán del interés general.
Y tras las andaluzas había que ponerse manos a la obra, pero se había perdido un tiempo precioso y, para colmo, como sospechábamos muchos, el PP tampoco sabía lo que había que hacer. Era fácil imaginarlo, porque en la oposición no dieron ni una sola pista. Y ya era raro que ni por equivocación se les escapara alguna idea.
Y comenzaron por lo fácil: subir el IRPF. ¿Modificarlo para recaudar mejor (más y de manera más equitativa)? ¡Menuda pereza, modificar ahora el impuesto con el trabajo que da todo eso!
Luego vino el aumento o implantación del copago de las medicinas de una manera precipitada y chapucera que creó desconfianza, incertidumbre y malestar entre el personal médico, farmacéutico y,sobre todo, entre los afectados que, a día de hoy, no se ha resuelto.
Y la reducción del salario de los funcionarios y la disminución de recursos a la dependencia y la subida del IVA. Una subida importante y que, en los casos en los que se cambia el tipo supone unos incrementos extraordinarios que recaen sobre una población con los recursos al límite y que, en un gran porcentaje, hace tiempo que, a la fuerza, han reducido sus gastos a los de supervivencia.
El PP está fracasando en la manera de atajar la crisis porque no quiere meter mano donde de verdad se necesita: modificar a fondo una Organización política del Estado hipertrofiada, cara, insostenible y corrompida hasta la médula.
Enfrente tiene a un PSOE que no tiene ningún interés en que se redimensione esa organización política porque esperan poder ocupar todos esos puestos o una buena parte de los mismos cuando el PP se haya desgastado y pierda las elecciones.
Tampoco los demás partidos, a excepción de UPyD, tienen interés en ello, porque casi todos, mucho o poco, han tenido ocasión de ocupar alguno de esos puestos.
Sólo hay que escuchar a los representantes de la izquierda defender con candor patético la actual estructura política en la que, según ellos, no sobra ni un suelo puesto.
El drama de España son unos políticos decididos a seguir manteniendo puestos y privilegios aunque para ello deban exprimir a los ciudadanos hasta la asfixia y terminar con el incipiente Estado de Bienestar que empezábamos a vislumbrar, mientras se acusan mutuamente de ello y se erigen como salvadores del mismo. Una estrategia para conseguir el voto de los contribuyentes expoliados y estafados.
Tratarán de salvar hasta donde puedan sus propias estructuras de poder e influencia aunque vean al país arruinado e intervenida su soberanía económica (valga la redundancia).
Los que juegan al juego absurdo de que con el PP la prima de riesgo ha pasado de los 600 puntos tratando de engañarnos haciéndonos creer que con el PSOE estaría por debajo siguen con el tacticismo estéril que empleó en su momento el PP haciéndonos creer (engañándonos) que sabían lo que había que hacer y que en cuanto ellos llegaran al poder todo se resolvería como por ensalmo.
El PSOE negó la crisis apostando por que ésta fuese de corta duración y creyó que inyectando unos miles de millones de Euros en un absurdo Plan E aliviaría sus síntomas hasta que volvieran los buenos tiempos.
Como ya suponíamos muchos, fue como tratar de curar el cáncer con aspirinas. No se aliviaron los síntomas y, sin adoptar ninguna medida para corregir los verdaderos problemas, la enfermedad se agravó irremediablemente.
Como el PSOE o Zapatero o todos ellos no tenían otro interés que perder por la mínima y dejar la situación al PP del peor modo posible, adelantaron las elecciones 6 meses comunicándolo absurdamente con más de tres meses de antelación, con lo que se alargó varios meses la parálisis propia de los periodos electorales.
Por supuesto, tenían claro que ya no serían ellos los encargados de formar gobierno, por lo que no tomaron una sola medida más y tampoco presentaron la Ley de Presupuestos. Había que dejar el campo lo más embarrado posible.
Y el PP ganó por mayoría absoluta, más por incomparecencia del rival que por la calidad de su juego. Pero ganó. Y en vez de ponerse a gobernar desde el mismo momento de formar gobierno decidieron que era mucho más importante esperar a las elecciones andaluzas. Como siempre pensando en sus propios intereses personales, primero, y de partido después. Si queda tiempo ya se ocuparán del interés general.
Y tras las andaluzas había que ponerse manos a la obra, pero se había perdido un tiempo precioso y, para colmo, como sospechábamos muchos, el PP tampoco sabía lo que había que hacer. Era fácil imaginarlo, porque en la oposición no dieron ni una sola pista. Y ya era raro que ni por equivocación se les escapara alguna idea.
Y comenzaron por lo fácil: subir el IRPF. ¿Modificarlo para recaudar mejor (más y de manera más equitativa)? ¡Menuda pereza, modificar ahora el impuesto con el trabajo que da todo eso!
Luego vino el aumento o implantación del copago de las medicinas de una manera precipitada y chapucera que creó desconfianza, incertidumbre y malestar entre el personal médico, farmacéutico y,sobre todo, entre los afectados que, a día de hoy, no se ha resuelto.
Y la reducción del salario de los funcionarios y la disminución de recursos a la dependencia y la subida del IVA. Una subida importante y que, en los casos en los que se cambia el tipo supone unos incrementos extraordinarios que recaen sobre una población con los recursos al límite y que, en un gran porcentaje, hace tiempo que, a la fuerza, han reducido sus gastos a los de supervivencia.
El PP está fracasando en la manera de atajar la crisis porque no quiere meter mano donde de verdad se necesita: modificar a fondo una Organización política del Estado hipertrofiada, cara, insostenible y corrompida hasta la médula.
Enfrente tiene a un PSOE que no tiene ningún interés en que se redimensione esa organización política porque esperan poder ocupar todos esos puestos o una buena parte de los mismos cuando el PP se haya desgastado y pierda las elecciones.
Tampoco los demás partidos, a excepción de UPyD, tienen interés en ello, porque casi todos, mucho o poco, han tenido ocasión de ocupar alguno de esos puestos.
Sólo hay que escuchar a los representantes de la izquierda defender con candor patético la actual estructura política en la que, según ellos, no sobra ni un suelo puesto.
El drama de España son unos políticos decididos a seguir manteniendo puestos y privilegios aunque para ello deban exprimir a los ciudadanos hasta la asfixia y terminar con el incipiente Estado de Bienestar que empezábamos a vislumbrar, mientras se acusan mutuamente de ello y se erigen como salvadores del mismo. Una estrategia para conseguir el voto de los contribuyentes expoliados y estafados.
Tratarán de salvar hasta donde puedan sus propias estructuras de poder e influencia aunque vean al país arruinado e intervenida su soberanía económica (valga la redundancia).
sábado, 21 de julio de 2012
La única solución para el futuro de España
Los que duden de las causas de nuestra situación y no tengan claras las soluciones y sigan pensando en clave izquierda-derecha, PSOE-PP, que lean este artículo, de Galo Mateos, en El Condifencial.
Si después de hacerlo siguen pensando igual, que se lo hagan mirar.
sábado, 7 de julio de 2012
Las movilizaciones de la minería terminarán en tragedia
Las protestas de los mineros del carbón ya duran más de un mes y la violencia, sobre todo en Asturias y, algo menos en León, sigue aumentando.
Con el escenario de la reconversión minera, que dura ya treinta años, y la justificación de los recortes adoptados por el gobierno, vemos cómo dos grupos de trabajadores se enfrentan a diario. Los mineros creen defender sus puestos de trabajo y el futuro de las comarcas mineras, cuando, en realidad, están siendo utilizados por las empresas mineras que han venido obteniendo sustanciosos beneficios con subvenciones al carbón e indemnizaciones por el cierre de explotaciones. Tampoco son ajenas otras empresas que se han beneficiado de la lluvia de millones que caía sobre las regiones mineras con el fin, supuesto, de reconvertir las comarcas mineras.
También son actores importantes, aunque ahora voluntariamente apartados del foco, los políticos que han manejado esos fondos para sus propios intereses políticos.
Y, como no, los sindicatos mineros que han manejado fondos y subvenciones a su antojo pensando siempre en sus propios intereses y nunca o casi nunca en los de los trabajadores y las comarcas que decían defender.
El otro grupo lo forman las fuerzas del orden, policía y guardia civil que, si juzgamos por las opiniones de algunos, parecen ser seres irracionales que disfrutan con la violencia.
Pero ellos obedecen órdenes, hacen su trabajo, el que les ordenan sus superiores y, afortunadamente, hay imágenes suficientes de la violencia de los mineros como para poder mantener, siendo mínimamente honesto, que utilizan la fuerza de manera desproporcionada.
Cohetes dirigidos utilizando tubos como lanzaderas, pelotas de golf, bolas de rodamientos disparadas con gomeros (tirachinas), barricadas en las vías del tren, en las autopistas... Las imágenes son espeluznantes y la pasividad, cuando no complacencia, de políticos y sindicalistas, es lamentable, negligente y, aunque llegado el momento lo nieguen, cómplice.
Ya ha habido varios heridos, algunos de gravedad, no sólo entre agentes de la guardia civil, algo que, curiosamente parece no preocupar a nadie, como si por ser agentes de la guardia civil ya no tuvieran derechos y cualquier tropelía que sufran estuviera justificada.
También ha habido heridos “civiles” cuyo coche o el tren en el que viajaban ha chocado contra una barricada o ha sido impactado por un cohete lanzado por los mineros.
No hay que ser vidente para saber que no está lejos el momento en el que se producirá una víctima mortal. Será un policía o un guardia civil, un minero, un manifestante (no todos son mineros) o una persona ajena al conflicto, pero la estadística nos dice que terminará por ocurrir. Y cuando suceda veremos, como tantas otras veces, a políticos y sindicalistas ponerse de perfil y condenar la violencia con tanta hipocresía y desfachatez como ahora callan o alaban la lucha de los mineros y condenan la actuación de las fuerzas de orden público.
La sinrazón y la desvergüenza no tiene límites. Al tiempo.
sábado, 30 de junio de 2012
La quiebra del estado
La política hace tiempo que, en España, se ha convertido en una actividad perversa, pero con la llegada de la crisis y su agudización de los últimos meses se ha puesto del todo en evidencia.
Se aprueban recortes de todo tipo para los ciudadanos con la excusa de que es inevitable para disminuir los gastos del Estado y atajar el déficit, pero se mantienen intactas las estructuras hipertrofiadas de una administración tan ineficaz como desmesurada.
No se busca corregir los defectos de base de una estructura estatal insostenible económicamente, ineficaz y que tiene como fin primordial colocar a los militantes y simpatizantes a fuerza de crear cientos de organismos, entes, empresas públicas y semipúblicas, patronatos y cualquier tipo de organización a la que destinar recursos cuyo objetivo principal es pagar buenos sueldos a los amiguetes colocados en ellos.
En estos meses de recortes de servicios, subidas de impuestos e incremento de precios de productos regulados no se ha tomado ni una sola decisión que afecte de manera sustancial a esa estructura que nos asfixia económicamente y que nos complica la vida con obligaciones absurdas.
Con la apariencia de una administración moderna mantenemos unos funcionamientos propios del siglo XIX, en los que todas las obligaciones recaen sobre los súbditos (que nos ciudadanos) y todos los derechos sobre la administración.
Los políticos se empeñan en mantener esa maquinaria funcionando a costa de los impuestos de los ciudadanos y a pesar de que la misma es un lastre para éstos y para el desarrollo de sus proyectos empresariales.
Los organismos de control, con el Banco de España como paradigma, se han demostrado totalmente incapaces de ejercer la función reguladora para la que fueron creados. Las Cajas de Ahorros fueron llevadas a la quiebra por una gestión suicida; muchos bancos están al borde de la quiebra, cuando no quebrados, por una errónea política de riesgos. Los oligopolios acuerdan precios saltándose las leyes de la competencia. Las empresas eléctricas consiguen de los gobiernos reconocimientos de deudas por unos déficit de tarifas que ellas mismas establecen y fichan a expresidentes y a exministros en una sospechosa y odiosa colusión de intereses que a cualquier ciudadano con unos índices de moralidad en los límites de lo normal sólo pueden que repugnarle.
Las Cajas de Ahorros han sido arruinadas por unos gestores que han creído que los libros de cuentas lo aguantan todo y que el dinero caía del cielo y que antepusieron sus intereses políticos por encima de la solvencia y el futuro de las entidades que dirigían. Pero, además, las esquilmaron con sueldos millonarios, contratos blindados y planes de pensiones que avergonzarían a cualquier persona decente.
En definitiva, los gobernantes de nuestra democracia, que surgió tras una modélica transición desde la dictadura, han llevado a nuestro país a la ruina e, incapaces de reconocer sus errores, el alcance de los daños y la imposibilidad de continuar con este modelo de Estado, se mantienen empecinados en el error haciendo que los contribuyentes paguemos las consecuencias sufriendo los recortes de los servicios y el aumento de los impuestos.
¿Hasta cuando vamos a consentir que se salgan con la suya?
sábado, 16 de junio de 2012
No es el fin del mundo, pero sí el de nuestras familias
Dejo el enlace al artículo de Roberto Centeno en Cotizalia que lleva el título de este post. Es imprescindible leerlo para saber por qué estamos como estamos y lo que nos espera.
domingo, 10 de junio de 2012
La inadmisible forma de "lucha" de los mineros
Los mineros del carbón están en
huelga desde hace 11 días. ¿Motivo? El fundamental, que el gobierno
ha rebajado unilateralmente el importe de los Fondos Mineros, fondos
que tienen como fin la reindustrialización y mejora de las comarcas
mineras para compensarlas por la disminución del sector de la
minería del carbón.
Vaya por delante que no me opongo a que
los mineros reivindiquen lo que crean necesario para ellos como
trabajadores y para sus comarcas. Con lo que no estoy de acuerdo es
con la forma en la que están llevando a cabo sus protestas. Pero
antes, hagamos un poco de historia.
La minería del carbón lleva en España
30 años en reconversión. Se dice pronto, pero 30 años son muchos
años y esos años han estado (y aún lo están) llenos de dinero
público empleado en prejubilaciones y en planes de formación,
empleo, reindustrialización y mejora de las comarcas mineras.
Los resultados de todo ese dinero,
salvo el destinado a prejubilaciones que ha permitido mantener el
poder adquisitivo de los trabajadores excedentes del sector y, por
tanto, cierto nivel de consumo en las comarcas (digo cierto porque
muchos prejubilados no se han quedado a vivir en las comarcas
mineras) el resto ha servido para bien poco. En muchos casos se ha
dejado la decisión de las inversiones en manos de los sindicatos y
éstos, no se les puede reprochar, no han sabido acertar en las
proyectos. Uno de los ejemplos más destacados fue la construcción
de un campus universitario en Mieres.
Pero no sólo se han empleado mal, es
que ni tan siquiera se han aportado proyectos suficientes para
emplear todos los fondos previstos. De hecho, el recorte del gobierno
ha consistido en reducir este año la cantidad de esos fondos al
importe adjudicado el año pasado.
El resultado de todo esto es que como
los recursos, por grandes que sean (que lo han sido) son finitos, lo
que se emplea en unas cosas no se emplea en otras y así tenemos que
30 años después y con el horizonte del 2.018 señalado por la UE
como el fin de la minería del carbón en España, las comarcas
mineras están más depauperadas, empobrecidas y sin alternativas de
empleo que nunca.
Y ahora los mineros salen a la calle y
vuelven a hablar ellos, los partidos de izquierdas y un buen número
de personas de solidaridad y lucha justa por sus derechos, pero nadie
se cuestiona la justicia de esa lucha. Los mismos que cuando los que
hacen huelga son los maquinistas de RENFE, los controladores aéreos
o los pilotos de Iberia, se cansan de hablar de trabajadores
privilegiados que toman por rehenes al resto de ciudadanos, se
muestran ahora complacidos con la “lucha solidaria de los mineros”.
Y esta es la parte de la historia con
la que no estoy de acuerdo. Los mineros pueden ser muy solidarios con
ellos mismos, pero en absoluto con el resto de trabajadores. No he
visto un solo minero en la calle estos últimos cuatro años mientras
los trabajadores de la construcción se iban uno tras otro al paro
hasta formar una buena parte de los cinco millones de parados que
tiene España.
Los mineros salen a la calle impiden la
libre circulación de mercancías y personas si importarles los
problemas de los demás. Estudiantes que no pueden acudir a los
exámenes finales, enfermos que no pueden acudir a consulta o a
tratamiento, otros trabajadores que no pueden acudir a su trabajo...
Los trabajadores que padecen los cortes
de carretera no tienen, ni tendrán nunca, la seguridad en el empleo
que tienen los mineros de Hunosa, no tienen, ni tendrán nunca sus
condiciones económicas, ni tienen, ni tendrán nunca la seguridad de
acceso a unas prejublaciones de privilegio a los 42 años.
Y si alguien va a argumentar el
peligroso y penoso trabajo de los mineros, ya me adelanto a decirle
que sí, pero que no es más penoso o peligroso que el de los
trabajadores de la construcción (sólo hay que repasar las cifras de
siniestralidad laboral de cada sector) o que el de los pescadores, y
ni unos ni otros tienen las condiciones económicas o de acceso a la
jubilación de aquellos.
Y termino como empecé, no discuto el
derecho de los mineros a luchar por lo suyo o por lo que creen que es
mejor para sus comarcas, aunque estén equivocados, pero no puedo
estar de acuerdo en que su lucha se lleve por delante los derechos de
los demás.
Y para terminar, algo que ilustra bien
lo que algunos esconden tras la lucha de los mineros. Esta pasada
semana José Ángel Fernández Villa, tradicional líder del
SOMA-UGT, le decía a un policía: “llevo sesenta años en este
negocio y no acepto la represión”. Pues eso.
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