domingo, 13 de junio de 2010

Preguntas para una crisis

El tratado de Maastricht se firmó el 7 de febrero de 1992 y estableció un plazo de 7 años para alcanzar los criterios fijados en el mismo, entre otros, que los estados que aspirasen a entrar en la moneda única deberían tener un déficit público no superior al 3%.

La situación económica en Europa en el año 92 del pasado siglo no era, ni mucho menos, tan mala como dicen que es la actual, pero se dieron 7 años a los países para que pudieran alcanzar los criterios de convergencia. En cambio, en el momento actual, y si hemos de creer a los que dicen que la situación económica es de emergencia, la UE da un plazo de apenas 3 años para reducir el déficit al 3%.

Como consecuencia de ello, los gobiernos de Alemania y Francia acaban de anunciar medidas que supondrán unos ajustes adicionales a otras medidas ya tomadas anteriormente de 80.000 millones y 100.000 millones de Euros respectivamente.

Dejando de lado el caso de España, que tiene sus problemas específicos, las preguntas que se me ocurre son: ¿por qué el 3% y no, por ejemplo, el 5%? ¿por qué 3 años y no, por ejemplo, 5 años? ¿quién es el economista, experto o analista que pueda demostrar que han de ser unas cifras y no otras, visto el desbarajuste en el que entraron las economías occidentales sin que nadie fuera capaz de preverlo?

La diferencia puede parecer baladí, pero esos cambios de criterio supondrían, a lo mejor, que los dos países citados tuvieran que rebajar los recortes anunciados a la mitad, lo que permitiría tener más dinero para inversiones o para dejar en manos de los ciudadanos, en definitiva para consumir y tirar de la economía.

El caso de España, aunque con sus particularidades, sería similar. No es lo mismo rebajar el sueldo a los funcionarios que reducirlo; no es lo mismo aplazar inversiones en obras públicas que mantenerlas.
Es necesario reducir el déficit de los países, pero debe hacerse en unos plazos razonables que permitan hacerlo sin causar daños mayores que los que se quieren evitar.

Un ejemplo trivial pero que se puede entender bastante bien. Si yo quiero comprarme un piso seguramente necesitaré un préstamo hipotecario que tendrá una duración de 25 ó 30 años, es decir que me endeudaré durante dicho periodo de tiempo en el que estaré pagando mensualmente una cuota integrada por los intereses de esa deuda y por capital que voy amortizando. Si echo las cuentas, es muy posible que, cuando haya terminado de pagar el préstamo, haya pagado un importe equivalente a 2 veces, o incluso más, el precio del piso. La operación parece ruinosa, pero si quiero tener un piso en propiedad es la única manera, puesto que no dispongo de efectivo para comprarlo, así que debo acudir al crédito, tengo que endeudarme.

Si un analista estudia mi situación mientras estoy pagando la hipoteca y me dice que estoy muy endeudado y que debo reducir mi deuda a la mitad, eso significa que, o bien amortizo la mitad del préstamo, lo que no podré hacer, seguramente, porque seguiré sin disponer de ese dinero; o reduciré el plazo a la mitad con lo que mi cuota se doblará y, posiblemente, mis ingresos no me permitan pagarla, al menos no sin renunciar a la compra de bienes básicos para la subsistencia.

Con la economía de los países se corre el riesgo de que ocurra algo parecido. Si se efectúan recortes tan importantes se corre el riesgo de que se produzca una caída del consumo tan fuerte que, en vez de salir de la crisis nos hunda más en ella.

Esto que acabo de decir es tan simple que cualquiera puede entenderlo, incluidos los analistas y expertos económicos que circulan por estos mundos y que son unos fenómenos explicándonos por qué se ha desbordado el río, pero que son incapaces de prever que va a llover ni siquiera de un día para otro. Y no hablo ya de los tertulianos que pueblan radios y televisiones repitiendo como papagayos las consignas de moda.

Y como es tan fácil de entender, quiere decir que se hace sabiendo el riesgo que se corre, pero con un objetivo claro y que nadie quiere decir. Y ese objetivo, a mi modo de ver, no es otro que el de pegarle un buen recorte al estado del bienestar de la Unión Europea.

Alguien o “alguienes” en algún sitio han llegado a la conclusión de que ya está bien de tanto gasto social.
¿Por qué una sanidad pública que pagamos entre todos y de la que sólo se obtienen “modestos” ingresos con la fabricación de los fármacos y de los aparatos médicos, si podemos exprimir a los ciudadanos cuando estén dispuestos a dar hasta el último céntimo para recuperar la salud y en los que no gastaremos un euro más de lo necesario cuando esa recuperación sea “anti económica”?

Para qué mantener ejércitos si podemos tener empresas mercenarias que pueden ganar dinero matando a los enemigos y arriesgando y perdiendo las vidas de sus ¿trabajadores? (este camino ya lo ha iniciado USA con las famosas subcontratas de empresas de seguridad en Iraq).

Para qué enseñanza pública si puede haberla privada y alguien puede hacer un buen negocio con ella.
En definitiva, menos gasto público para prestar servicios básicos que deberán ser asumidos por la inestimable iniciativa privada y siempre con el loable objetivo de ganar dinero.

Y para terminar alguna pregunta más en estos días de confusión e incertidumbre dirigidas a aquellos que hablan como si tuvieran respuestas para todo, pero se limitan a repetir una y otra vez los argumentos que han oído a supuestos expertos.

Es necesario modificar el mercado de trabajo porque hay más de cuatro millones de parados y entre los jóvenes es del 40%. ¿Sería mejor que ese 40% fuera entre hombres maduros con hijos en el colegio y la hipoteca sin pagar?

Hay que rebajar el coste del despido para evitar la actual dualidad en la que unos trabajadores tienen empleo fijo y estable y otros contratos temporales. ¿Cuánto se ha de reducir el despido para que sea tan barato como un contrato temporal?

Hay que cambiar el mercado de trabajo para que los empresarios se animen a contratar. ¿No habría que animarlos primero a que dejaran de despedir?

Sería una buena medida que el coste del despido aumentara con la antigüedad del trabajador en la empresa. ¿No aumenta con la antigüedad una indemnización que establece un número de días por cada año trabajado?

Y la última: ¿por qué nadie se pregunta la razón por la que tantas empresas que han ganado mucho dinero en los últimos 14 años no se ha preocupado de dotar las indemnizaciones de los trabajadores para cuando llegaran los malos tiempos, que todo el mundo sabía que terminarían por llegar, porque los ciclos expansivos no duran eternamente?

viernes, 28 de mayo de 2010

Ni PSOE, ni PP; ni Zapatero, ni Rajoy

Vivimos tiempos difíciles en todo el mundo y muy particularmente en Europa donde hay una falta clara de liderazgo, de modelo y de proyecto; y en esta situación, la UE y la moneda única no sé si son una ventaja o un inconveniente.
En España la situación es peor aún, pues tenemos las mismas carencias y además hay que añadir que en nuestro caso la crisis económica es particularmente intensa. Pero si esto no fuera suficiente, nuestro gobierno tiene una trayectoria errática, tomando medidas que se cambian o se descartan sólo unas horas después, y con un discurso alocado y sin ninguna coordinación entre los diferentes ministerios.
Con todo, lo peor es que el presidente del gobierno, en el momento más crítico de su mandato, cuando se ha visto obligado por la UE, USA y, al parecer, China a tomar unas durísimas medidas de ajuste ha sido incapaz de llamar al principal partido de la oposición para negociarlas.
El PP, por su parte, tampoco ha sabido estar a la altura de las circunstancias y ha renunciado a la posibilidad de ser un partido solvente y una alternativa seria al PSOE, dejándose llevar por una aspiración al poder tan legítima como, en estas circunstancias, desmedida; porque en una situación tan complicada para nuestra economía como la actual el bien del país debe ponerse por delante de cualquier ambición.
Rajoy habría tenido muy fácil explicar las razones por las que no está de acuerdo con las medidas adoptadas por el gobierno, cuáles habría tomado de ser él el presidente del gobierno y abstenerse, por responsabilidad, para evitar un mal mayor, como sin duda habría sido la no aprobación de las medidas propuestas por el gobierno.
La esperanza de que España pueda salir de esta crisis sin daños irreparables es remota; con un presidente del gobierno que en la hora de la verdad ha demostrado ser tan incompetente como parecía; con un gobierno desnortado, sin figuras destacadas y sin ninguna coordinación ni, por lo que se ve, proyecto digno de tal nombre; con una oposición más atenta a provocar la caída del presidente y a forzar unas elecciones anticipadas, que probablemente no ganará (aunque el PP piense lo contrario); con las principales figuras de los dos partidos con posibilidades de gobernar enfrentadas de tal modo que son incapaces de reunirse para acordar las medidas imprescindibles que se deben adoptar inexcusablemente, gobierne quien gobierne; España acabará saliendo de la crisis (no quiero contemplar otro panorama, aunque tenemos ejemplos: Grecia, Argentina) muy tarde, muy lentamente y con daños irreparables en nuestro sistema económico, financiero y en el tan cacareado estado del bienestar.

Es urgente que Zapatero ponga su cargo a disposición del partido para que éste busque un nuevo presidente que sepa liderar un gobierno de emergencia y de llegar a acuerdos inaplazables con el PP.

Valdría también que su propio partido lo descabalgara, si él no toma esa decisión.

Lo mismo cabe decir de Rajoy y del PP; necesitan otro líder y otro equipo que pueda llegar a acuerdos con el PSOE para sacar a España de la grave situación en que se encuentra.

Pero parece tan imposible que se produzcan semejantes cambios en cualquiera de los dos partidos y en cualquiera de los dos líderes que no queda más esperanza que seguir caminando al filo del precipicio y confiar en que no se produzca ningún acontecimiento interno o externo que nos precipite al abismo.


miércoles, 12 de mayo de 2010

España, ¿décima potencia de dónde?

Por fin se acabó la fiesta. Ya no estamos por encima de Italia y ya no alcanzaremos a Francia.
El delirio va camino de convertirse en "delirium tremens".
Zapatero ha perdido la virginidad y ha anunciado hoy lo que ha estado repitiendo hasta la saciedad que no haría.
Se acabó apelar al consenso, al diálogo social y otros mantras. Merkel y Sarkozy mandaron a parar, y por si no lo había entendido bien llamó Obama y le dijo que se habían acabado las bromas.
A partir de ahora vendrán otras medidas igualmente duras y desagradables, pero una vez tocados los funcionarios ¡y los pensionistas! Zapatero sabe que se ha terminado su ciclo. Ya no tiene nada que perder, así que hará todo lo qeu le dijeron que debía hacer y no quiso, fiando ciegametne en su suerte, pero, sobre todo, en el esfuerzo de los demás países que sí tomaban medidas que les permitirían salir de la crisis y que él esperaba que arrastraran a España hacia el crecimiento.
Vana ilusión.
Llega el invierno en pleno mes de mayo tras dos años de nubarrones y tormentas que Zapatero creía que eran chubascos abrileños que anunciaban el verano.
Va a hacer mucho frío en España en los próximos años y no tenemos dinero para calefacción. Hay que sacar los guantes, la bufanda, abrigarse y esperar a que escampe, que no hay mal que cien años dure... ni cuerpo que lo aguante.

domingo, 9 de mayo de 2010

Grecia, economía y sinvergüenzas

La bolsa se hunde de nuevo. Grecia disminuye los salarios de los funcionarios y los pensionistas, pero sólo congela los de los dirigentes políticos. Las Cajas de Ahorros en España deben fusionarse para salir adelante, pero el gobernador del Banco de España, entidad encargada de velar por el buen estado de salud de bancos y cajas, sigue reclamando una reforma del mercado laboral.

Los especuladores mueven su dinero de un país a otro y nuestros economistas más renombrados dicen que es normal que el dinero huya de los países en los que no confía para buscar destinos más seguros. Pero a continuación añaden la necesidad de tomar duras medidas para salir de la crisis; duras medidas para trabajadores y pensionistas, que ya sabemos que estamos en este mundo para sufrir y para que los ricos sean cada vez más ricos. Me pregunto si con esto de la globalización los trabajadores podríamos dar orden a nuestras empresas para que nos ingresen la nómina en una cuenta de un banco suizo. ¿Verían normal nuestros entrañables liberales que buscáramos destinos más seguros para nuestras nóminas o les oiríamos entonces apelar al patriotismo y la necesidad de dejar el dinero en nuestras benéficas entidades financieras para que puedan pagar sin problemas las modestas pensiones de sus directivos?

Es necesario reformar el mercado laboral, hace falta rebajar las cotizaciones patronales a la seguridad social, los salarios deben congelarse o reducirse, porque nuestras empresas deben ser de nuevo competitivas.

¿Cuánto va a disminuir el salario del primer ejecutivo del Banco de Santander?

Hay que reformar las pensiones porque vivimos muchos años y el sistema no se mantiene, por eso el Banco de Santander va a dedicar varios cientos de millones de euros para que sus primeros ejecutivos sigan cobrando cuando se jubilen lo mismo que en activo. Los trabajadores deben ahorrar y tener fondos de pensiones privados porque nuestros exorbitantes salarios nos permiten hacer eso y mucho más, para que las arcas de la seguridad social no sufran demasiado. En cambio, los altos ejecutivos tienen unos salarios tan exiguos que no pueden ahorrar y son sus empresas las que deben velar por su futuro y dotarles fondos de pensiones para que no pasen estrecheces en su vejez.

Uno de estos directivos, y no me gusta señalar, tendrá una dotación para su pensión de 85 millones de euros, que multiplicando por 166,386 nos da la bonita cifra de 14.142.820.000, que se leen catorce mil ciento cuarenta y dos millones ochocientas veinte mil, si habláramos en pesetas. ¡Pobre! ¿qué hará con tanto dinero si los bancos siguen pagando intereses tan bajos como ahora y las bolsas continúan como una montaña rusa? No me gustaría a mí verme en esa situación.

Sigamos calculando que, de momento, es gratis. Si este buen hombre viviese 30 años después de jubilarse tendría para cada año la modesta pensión de 471.427.000, siempre hablando en pesetas. O sea que tendría que sobrevivir en los últimos años de su vida con una cantidad mensual de tan solo 39.285.583,33 pesetillas de nada.

Hay que modificar las pensiones porque la pensión máxima actual es de 2.466,20 Euros al mes, o lo que es lo mismo 410.341,15 pesetillas mensuales. No, no me he olvidado de ningún cero, más bien creo que hay demasiados banqueros que manejan los ceros con mucha discrecionalidad y los ponen a la derecha cuando son para ellos y a la izquierda cuando son para los demás.

No he oído al gobernador del banco de España decir nada sobre la necesidad de reformar la moralidad de nuestro sistema financiero. Tampoco he oído a nuestro socialista presidente del gobierno, siempre sensible a las necesidades de sus súbditos, ¡uy! perdón, ciudadanos, ¡en qué estaría yo pensando! decir si pensaba aplicarles un modesto impuesto extra a tan modestas pensiones.

Podría aplicarles el mismo impuesto que grava a las bebidas alcohólicas porque percibir una pensión de ese importe seguro que embriaga más que tomarse cualquier bebida espirituosa. Yo mismo estoy escribiendo esto y ya noto la cabeza algo embotada después de escribir esas cantidades que tengo que meter en mi cabeza en diagonal porque no me caben ni a lo largo ni a lo ancho.

Nuestro ZP debe hacer reformas urgentes, dicen los que dicen que saben, porque la situación es de emergencia y si no se hace algo pronto, aunque no somos Grecia, lo mismo nos convertirnos en Marruecos de un momento a otro. Yo no entiendo nada de economía, pero cuando veo esas modestas pensiones con las que tendrán que afrontar los últimos años de su vida estos esforzados directivos es cuando me doy cuenta de que la situación está realmente mal. Hay que tomar medidas porque, como sigamos así, no sé cómo van a poder cobrar estos modestos pensionistas.

Zapatero, por favor, si no lo quieres hacer por nosotros, hazlo por ellos, ¡pobres! Nosotros estamos aquí para lo que haga falta: súbenos el IVA, bájanos los sueldos, auméntanos el IRPF, baja las pensiones, echa una mano a los bancos que lo están pasando muy mal, lo que sea, con tal de que a ellos no les falta de nada. Después de su esforzada vida para hacerse supermultimillonarios no podemos permitir que pasen sus últimos años agobiados con pensiones de miseria.

viernes, 16 de abril de 2010

Harto de las dos españas

No me cuesta nada imaginarlos hace setenta años, quizás menos repulidos que ahora, con mucha más mugre, unos, y con mucha más caspa, otros, pero tan parecidos a los actuales. Antes gesticularían más, era el estilo de principios del siglo pasado y que se prolongó hasta bien pasada su mitad, en cambio ahora dicen las mismas barbaridades con el ademán tranquilo, sin aspavientos, tan sólo, si acaso, con el rostro ligeramente crispado.

No lanzan veladas amenazas contra la vida de sus adversarios, al menos, no todavía, pero no les importa atacar a las instituciones aunque les produzcan un grave daño, no dudan en insultar gravemente a aquellos que consideran que son un obstáculo en su camino, que no opinan como ellos, que no actúan como ellos quieren.

No me cuesta nada imaginarlos arengando a sus seguidores desde el balcón en el que tenían su despacho o la sede de su partido, sin calcular, o quizás calculando demasiado bien, las consecuencias. Serían menos educados, algunos, más groseros, otros. Se vestirían de un modo más semejante entre ellos porque entonces no había tanta variedad de atuendos, pero sus mentes, sus formas de pensar, sus intereses, serían tan disímiles como ahora; tanto como parecidos eran sus objetivos, tanto como lo siguen siendo ahora. También ellos buscaban la desaparición del adversario, también para ellos eran enemigos. Como para los de ahora, el mayor enemigo era el compatriota de la otra ideología, de la otra españa.

Los oigo, los veo, los leo ahora y puedo trasladarme sin esfuerzo setenta u ochenta años atrás, puedo ver el mismo odio, la misma abyección, la misma bilis corroyendo las almas de los que dicen querer justicia, de los que hablan de derechos humanos, de los que dicen que están al servicio de los demás, de los que defiende sus intereses a costa de lo que sea, a costa de quien sea.

Hoy como ayer juegan inconscientemente (o no) con los sentimientos menos nobles de quienes saben que les siguen, alientan los peores instintos, alimentan el rencor, hacen todo lo posible y lo imposible porque la reconciliación, el diálogo y el entendimiento entre adversarios sea imposible.

Hoy como ayer, siguen siendo egoístas, inconscientes (o no), insensatos, rencorosos, viles y crueles.

Hace treinta años muchos hombres buenos se pusieron de acuerdo, unos de manera expresa y otros tácitamente; algunos convencidos de que era lo que había que hacer, otros pensando que era lo mejor que se podía hacer y sin duda muchos resignados porque no creían que otra solución fuera posible. Y tuvieron a un país detrás, apoyándolos.

Hace treinta años triunfaron los partidarios de la reforma en lugar de los que querían la ruptura y aquellos hombres de derechas, de izquierdas, de extrema derecha algunos y de extrema izquierda otros fueron capaces de ponerse de acuerdo para limpiar la ciénaga de nuestro pasado, sanearla y construir sobre ella el futuro de una España en paz sin vencedores ni vencidos.

Durante unas décadas nos sentimos orgullosos, por primera vez en muchos años, de ser españoles, porque habíamos logrado la admiración del mundo haciendo una transición modélica de la dictadura a la democracia.
Pero bajamos la guardia. Fuimos dejando que poco a poco los que se habían mantenido agazapados alimentado su rencor y sus deseos de venganza fueran dando pequeños pero continuados pasos y ahora empiezan a salir de nuevo a la superficie, ya no son necesarias las caretas, hay que volver a mostrar el peor rostro, el de la ira, el del rencor, el de la venganza.

Quitamos lápidas con nombres de un bando y ponemos al lado otra placa con otros nombres de otros muertos. Mis muertos eran los buenos y los tuyos eran los malos. Eso estamos enseñando. Otra vez los muertos de primera y de segunda. Otra vez las dos españas. Otra vez la prepotencia de unos ganadores contra la impotencia de unos perdedores.

Mi muerto era de los buenos y el tuyo de los malos. Al mío lo sacaron de casa de madrugada unos desalmados que lo mataron contra la tapia de un cementerio por ser cura, o comunista, por ir a misa, o por no ir a misa, por ser de derechas, o por ser de izquierdas, o porque me caía mal, o porque su familia y la mía siempre estuvieron a la greña, o porque me debía dinero, o porque le debía dinero.

Odio, rencor, vileza, lo que nos hace peores desbordó hace más de setenta años y España protagonizó el peor capítulo de su historia. Y ahora todavía hay personas que, de una manera u otra, no quieren dejar descansar a los muertos.

Hay personas que quieren socavar los cimientos que se pusieron hace treinta años y se empeñan en remover la tierra hasta que vuelva a salir lo peor de lo que llevan dentro.

Las soluciones no están en el pasado. Nuestra solución, todas las soluciones, está en el futuro.
Nadie fue inocente de aquella tragedia que asoló España, todos fueron culpables y los muertos duelen a todos por igual.

Si queremos tener futuro como colectivo que comparte un territorio y una organización social será mirando al frente, no mirando atrás y reescribiendo incesantemente la historia.

Creo que somos más los que queremos por fin pasar página de una vez y seguir caminado y construyendo algo digno para nuestros hijos; los que estamos cansados, hartos, de que nos restrieguen por la cara una guerra de la que no nos sentimos protagonistas, ni herederos de ninguno de los dos bandos; los que sentimos horror ante unos y ante otros; a los que nos hiela el corazón cualquiera de las dos españas.

No nos dejemos embaucar y traicionar por los que estoy seguro que son una minoría, no dejemos que nos destruyan el presente y que nos arruinen nuestro futuro y el de nuestros hijos como ya hicieron otros como ellos hace casi cien años.

domingo, 11 de abril de 2010

Garzón, los progres y el estado de derecho

La coherencia y la lógica continúan imperando en el análisis de nuestros insignes políticos y periodistas.

En el caso Gürtel siguen pidiendo a Rajoy que tome medidas con los imputados y sus próximos, en cambio con su imputado favorito han avanzado y ya no sólo dirigen sus invectivas contra los querellantes, sino que ahora ya están analizando los perfiles de los jueces que formarán el plenario del Tribunal Supremo que juzgará al juez de curriculum ejemplar. Y andan desolados porque la mayoría son conservadores. Supongo que estarían muy animados si fueran progresistas, porque ya se sabe que los progresistas siempre actúan rectamente y, claro, la actuación recta sería la de sobreseer o, en su defecto, absolver por la vía rápida al juez ejemplar.

Nuestro estado de derecho es así, al menos para algunos, y hay que tener plena confianza en él si nos juzgan los jueces progresistas y bastante menos confianza si nos juzgan los jueces conservadores.

No recuerdo qué decía toda esta gente cuando juzgaron por prevaricación a Gómez de Liaño. ¿Serían progresistas o conservadores los que lo condenaron? Tampoco recuerdo sus profundos análisis ni perfiles biográficos de los jueces del tribunal de Estrasburgo que dijeron que Gómez de Liaño había sido juzgado sin las debidas garantías. ¿Serían conservadores o progresistas? Seguramente no les importaba porque a Gómez de Liaño ya lo habían condenado de antemano, seguramente porque era conservador y, por tanto, no merecía un juicio con todas las garantías, ni un mal manifiesto, ni una mínima manifestación. Bueno, a lo peor es que no importaba su ideología y sí importaba y mucho que se había atrevido a actuar en contra del magnate de los medios progresistas españoles, que en paz descanse.

También algunos empiezan a pedir la ilegalización de Falange, lo cual, a mí, no me deja ni frío ni caliente, pero me extraña que se les haya ocurrido ahora por la simple razón de que se han querellado contra Garzón y su querella haya prosperado. También me llama la atención que sean los mismos que suelen decir que los partidos que apoyan a ETA, y que algunas sentencias (no sé si de jueces progresistas o conservadores) dicen que son ETA, tendrán perfecta cabida en nuestro sistema en cuanto renuncien a la violencia. ¿Será porque también los consideran progresistas?

Se muestran indignados con las acusaciones de Álvarez-Cascos contra algunos policías de los que dice que amañan pruebas, pero con igual alegría y espíritu libre que el ex ministro denuncian la, a su juicio, injusta imputación de Garzón.

La situación es tan paradójica que al no plantearse, ni siquiera a efectos retóricos, la correcta instrucción que ha imputado a Garzón están acusando de prevaricación al juez instructor. Claro que, como seguramente será conservador, podrá ser prevaricador y cualquier otra cosa, porque los conservadores, ya se sabe, son malos.
Esperemos que a la trama Gürtel la juzguen jueces progresistas, porque como sean conservadores no sé de qué disparates serán capaces.

Me gustaría que estos sesudos analistas y políticos que defienden con tanto ardor al juez Garzón, como víctima de unos tribunales con resabios franquistas (oído hoy en la radio progresista, imparcial y supermegademocrática de España) les expliquen a los acusados de terrorismo, narcotráfico, violencia de género, delitos contra el tráfico y otras perlas, que pueden estar tranquilos porque España es un estado de derecho.

Espero no verme nunca inmerso en un proceso judicial, pero les aseguro que, a la vista de todo esto, si un día me imputan por algún delito, lo afrontaré con toda tranquilidad y confianza en nuestro sistema. Es más, ni siquiera gastaré dinero en un abogado, ¿para qué?

viernes, 9 de abril de 2010

Garzón, Gürtel y una farsa local

La corrupción política en España es más llamativa no por los numerosísimos casos que se dan por toda la geografía y en todos los partidos (en todos no, oiga; es cierto, en todos los que tienen algo de poder, el resto a esperar que las urnas les sean propicias), sino por la casi ausencia de casos en otras instituciones. Y no quiero señalar.

Los que somos aficionados a las series y películas del imperio, estamos acostumbrados a ver casos de corrupción en políticos, sí, y en jueces, fiscales, policías, militares. Nadie se libra, y es lógico, porque así es la condición humana. Por eso en España, casi más alarmante que la corrupción política que se destapa lo es que no se descubra apenas ningún caso en esos otros ámbitos.

En los casos judiciales que están actualmente en la lista de éxitos tenemos a media España defendiendo a uno de los imputados (Garzón) y considerando culpables sin ninguna presunción de inocencia a los imputados en el otro caso (Gürtel). La otra media hace lo mismo, pero al revés.

El daño que se está causando al sistema judicial es inmenso, pero eso no parece importarle a nadie, aquí lo único que importa es que se salgan con la suya los nuestros, el resto no importa.

Los medios de comunicación no son ajenos a esto, sino actores muy principales, y en primera plana reprochan la imputación de un juez por motivos tan peregrinos como la ideología de los denunciantes o lo "justo" de la causa que perseguía  y en la misma plana el mismo día o el siguiente se felicitan por el funcionamiento del estado de derecho que sienta en el banquillo a los corruptos del adversario.
Cuando el traficante de drogas, el terrorista, el proxeneta o el ladronzuelo sean juzgados, ¿veremos impasibles y confiados como actúa el llamado imperio de la ley?

Si algún día tenemos la desgracia de tener que enfrentarnos a un proceso judicial por un asunto de tráfico o por un error policial, ¿esperaremos confiados que "triunfe el estado de derecho" y nos hagan justicia? ¿Qué justicia, la de los que piden, reclaman, hacen manifestaciones y comunicados de apoyo a un juez que, se supone, está sometido como todos a nuestro sistema judicial? ¿O la de aquellos que denunciaban una conspiración cuando investigaban por corrupción  a sus compañeros de partido?

Ver lo que está ocurriendo con estos casos y pedirnos a los ciudadanos que confiemos en el estado de derecho es una auténtica tomadura de pelo y, que nadie lo dude, tendrá consecuencias, y no será la menor el debilitamiento de un poder judicial ya bastante cuestionado por sus retrasos en resolver los asuntos, lo que en muchas ocasiones obedece a una lamentable carencia de medios, carencia que depende del poder político y que quizás no obedezca sólo a la indolencia.

Y para terminar, una pequeña referencia a las elecciones a la presidencia de la Cámara de Comercio de Gijón. Finalmente hubo acuerdo y ambos candidatos pactaron. ¿Qué? Pues estar dos años cada uno como presidentes de la entidad. El aspirante perdió casi todos los apoyos, pues éstos no votaron la candidatura conjunta, pero a él no pareció importarle y ahora se dedica en los medios a desdecirse de todo los dicho cuando era aspirante.

El revalidado presidente dijo que los empresarios habían dado, con el pacto, una lección a los políticos. Pues no. Los políticos son maestros en esas lides en las que el acuerdo no es precisamente ejemplar.

Sí, España es diferente, pero no por los topicos de siempre, sino porque es un país en el que triunfa la farsa y el esperpento en el que todos, por acción u omisión, colaboramos.